11 diciembre 2008

"San Diego, Lugar de Tradicion y Personas con Historias"


Santiago no es precisamente una ciudad que se caracterice por sus magníficas construcciones arquitectónicas de los años de la conquista como lo son las ciudades de México o por sus miles de habitantes como lo es la capital argentina de Buenos Aires, pero hay que decir que la ciudad entre cerros en la que vivimos, está llena de barrios que han marcado su historia, desde que se fundó, hasta el día de hoy. Y es que no solo la contaminación que aqueja a la urbe, es la que nos permite escribir sobre ella, ya que es necesario recalcar las calles, como San Diego, que hacen de Santiago, una ciudad con historia y tradición.


El llamado centro capitalino, no solo alberga entre sus vías la casa presidencial, La Moneda, sino que reúne una serie de calles que, día a día, juntan a miles de ciudadanos que realizan sus diferentes actividades, desde hace varios años.

Ubicado entre la Alameda y la Gran Avenida, en la comuna de Santiago y a un costado de la casa central de la Universidad de Chile, la que es una de las pocas construcciones que han perdurado con el tiempo, el barrio San Diego se localiza en el radio de la ciudad.

Junto con encontrarse en el centro santiaguino y en cercanías con lugares importantes dentro de la capital, el barrio adquirió protagonismo por su gran potencial económico, tanto de producción como de ventas, albergando bajo su área a grandes locales comerciales

De esta forma en los años 70, San Diego se convirtió en un icono de la historia capitalina, siendo un referente comercial para aquellas personas que no tenían una vía directa con el gran comercio, y para aquellas, que veían en este barrio, una gran oportunidad de crecimiento económico

Y así, al más puro estilo barcelonés, San diego, con galerías y negocios, buscó llenar las necesidades de las personas, vendiendo artículos de autos, bicicletas, instrumentos musicales o incluso ropa.

Pero sin duda lo que más caracteriza a este barrio son los libros. Por años la mayor actividad económica que se ha relacionado con esta calle con la compra venta de libros usados o nuevos, que llaman la atención de los jóvenes que día a día llegan preguntando por algún texto escolar o universitario, e incluso de los mayores que esperan encontrar en este lugar algún clásico de la época que los haga recordar sus años mozos.

Eso bien lo sabe Luís Rivano, escritor, quien lleva más de 50 años en el sector y quien posee más de 3 librerías a lo largo de la calle, por esto es reconocido en el lugar y es uno de los más grandes libreros de la capital. Y se ve que es un grande en los libros, cuando se acerca un cliente diciendo que fue alumno de uno de sus mejores amigos y que anda buscando un texto del ya fallecido profesor, y este lo mira y le dice que no posee el texto, pero que lo puede encontrar en tal librería, bajo tal editorial y a cierto precio.

Y es que Luís es así. Conoce cada rincón del barrio, la gente que lo frecuenta, los días que hay más clientes y sobre todo sabe la importancia que tuvo el barrio, todo lo que este fue y como este funcionaba, como cuando la Plaza de Almagro, que albergaba el Terminal de buses, convocaba a gente, tres veces más de la que hay ahora en un día y una hora pick.


Y son muchos más los recuerdos que guarda la gente del barrio. Cuando la gente recorría esta calle y el barrio Franklin, otro sector de auge del comercio, y las ventas volaban por las nubes.

Así, la calle perpendicular a la Alameda, se trasformó en uno de los lugares más emblemáticos, para las personas que querían satisfacer sus faltas por medio de las compras que realizaban recorriendo todo el centro de la ciudad.

Pero no todo fue alegría para quienes vivían de lo que generaba este barrio.
Como muchas cosas que surgen de improviso o por error, la calle San Diego se originó gracias al simple echo de que las calles tenían el sentido de tránsito en dirección sur a norte, lo que fue un plus en el desarrollo, ya que favorecía el ingreso directo de las personas, lo que implicó un crecimiento en el comercio de este lugar.

La gente tuvo más facilidades para llegar al lugar y para poder manejarse dentro de las calles que rodean el sector.

Hasta ahí todo parecía bien, pero como todo sube, luego cae, con el cambio de dirección, San Diego perdió su grandeza y se convirtió con el pasar de los años en un barrio solo de recuerdos, pero que con el pasar de los últimos años a tomado cada vez mayor fuerza, como si se negara a perder el espíritu comercial que lo caracteriza.

Así lo demuestran las últimas instalaciones que se han efectuado en el lugar, como por ejemplo la inauguración de tiendas como Ripley o el llamado Mall Chino.
Y es que cuando recorremos la calle San Diego, desde Alameda hasta Santa Isabel, son múltiples los locales que encontramos en el caminar, los que, sabemos, ofrecen una gama de variedades.

Sin embargo, los pequeños negocios que identifican lo que fue el barrio San Diego, son, sin duda, los que mas han visto opacados con la aparición de tiendas comerciales que se han puesto en el lugar, las que han llegado con un aire de renovación pero también de cambios drásticos.

Lo dice la gente y también algunos comerciantes del sector, que llevan años instalados ahí con sus puestos y locales, que la idea de poner centros comerciales como Ripley, La Polar o el Centro Comercial Chino, ha significado un deterioro en el barrio.

Que estos centros han provocado que se pierda la verdadera esencia del barrio, él que se caracteriza, según sus mismas palabras, por ser un espacio donde la gente camina al aire libre, mirando las vitrinas de las tiendas, entablando conversación con los vendedores, los que ayudan a los clientes a encontrar lo que buscan, a diferencia de lo que ocurre en las multitiendas, en donde la cercanía entre vendedor y comprador no existe y en donde el consumismo es lo primordial, aunque reconocen que en época de crisis no le harán el quite a la gente que estas tiendas puedan convocar.

Por el contrario, aquellos que trabajan en estas tiendas no entienden el porque del descontento entre los comerciantes, si con la llegada de estos mall’s, el comercio ha aumentado, ya que las personas se acercan mucho más al barrio, pero de igual manera entienden que las los venderos antiguos se hayan sentido invadidos con la llegada de ellos.

Y algo que todos aseguran y que no pueden negar, es que estos grandes locales, les ha traído cada vez más clientela, lo que ha permitido que el barrio se mantenga vivo y no se pierda en el olvido.

San Diego, pasó de ser un barrio importante para la capital y la economía, ha ser un lugar olvidado por muchos para convertirse, finalmente en un sector de tradición y de historias, que no solo posee entre sus calles a personas que tiene algo que contar, sino que lugares que tienen algo que dar.

"Presentacion de Fotos del Barrio San Diego"



Algunas fotografias que reflejan lo que es San Diego.
(con sonido)

"La Historia de un Hombre"


Gabriel López, propietario de una librería de la calle San Diego:

“Los libros no solo entregan cultura, también entretención"

En la década del 60, el barrio San Diego fue uno de los sectores comerciales con mayor auge del país. Sus tiendas de libros, de sastrería o de diferentes artículos hicieron de esta calle un gran paseo comercial. Esto, bien lo recuerda Gabriel López, quien con más de 45 años en ese lugar, vivió el subir y el decaer de este barrio, el que dice, lleva en el corazón.





La librería esta desordenada y es Don Gabriel, un hombre mayor, que viste camisa con corbata y que posee unos enormes ojos verdes, quien en compañía de dos, de sus cuatro hijos, la ordena con paciencia y dedicación como si se tratara de un acción sagrada para ellos.
Y es que lo es.

Hace más de 45 años que Gabriel López decidió poner una librería en pleno barrio San Diego. Explica que lo hizo por amor a los libros, a la cultura, a la educación, pero sobre todo por amor a su padre, quien fue un referente en su vida:

“Cuando yo era niño, mi padre era un obrero sin educación, pero a pesar de esto siempre sintió un gran amor por los libros y los diferentes textos. Quiso que sus hijos estudiáramos y nos nutriéramos de todo lo que entregan los libros”, cuenta mientras mira con nostalgia una foto en blanco y negro donde sale su padre.

Quiso estudiar educación, para ser profesor de castellano, como lo llamaban en aquella época, pero la situación económica no se lo permitió.

Sin embargo logró, en compañía de su difunta esposa, instalar un pequeño puesto de libros en la calle San Diego.



“Durante los 60, este barrio fue muy bueno para los comerciantes que teníamos negocios en este lugar. La gente venia a comprar todos los días y los fines de semanas esto se llenaba hasta mas no poder”, recuerda mientras sigue ordenando su local.

Y es que Don Gabriel fue testigo del momento de gloria del barrio, tiempos en lo que se vendían un gran número de cosas y tiempo, también, en el que las personas se daban el espacio para observar y comprar.

Y es que todo lo que rodeaba este sector parecía favorecer el comercio de este lugar. El Terminal de Buses ubicado en la Plaza de Almagro, el transito de sur a norte, y la cercanía de la calle con el barrio Franklin, favoreció enormemente el comercio en San Diego y así lo reconocen quienes aprovecharon todos estos beneficios para bien propio.

Pero aun así, los tiempos de gloria no duraron mucho y bien lo recuerda Gabriel, quien a causa de la crisis tuvo que cerrar su negocio por un par de años.

“Todo iba bien, pero lo bueno no dura para siempre, señorita”, explica mientras se saca los anteojos de la cara.

“Cuando pasó todo lo del golpe de estado y los cambios que hicieron en la economía de este país, este lugar se vio muy afectado. Además de esto, nos cambiaron la dirección de la calle, lo que provocó que las personas ya no pasaran más por acá. Se les dificultó el acceso, y eso trajo como consecuencia, que no viniera más. Por eso muchos tuvimos que cerrar nuestros negocios. Algunos quebraron, otros lo perdieron todo y algunos, como yo, supieron esperar a que todo se estabilizara. Así yo pude volver abrir mi local. Tuve que esperar eso sí, pero con paciencia todo se puede”, ríe mientras mira con orgullo su tienda, que a pesar de la temprana hora de la mañana, se llena de a poco con clientes curiosos que buscan algo con que entretenerse o con jóvenes que buscan algún texto para el colegio o la universidad.

“Es que la gente cree que los libros solo entregan educación y cultura, pero están equivocados, los libros entretienen, le dan sabor a la vida. Para mí, han sido mi fuente de diversión por años. Uno se entretiene hablando con los clientes, buscando encargos o recordando épocas mirando revistas antiguas de moda o cine”

Siempre con una sonrisa en su rostro explica que ha pesar de todo lo malo que se vivió con el decaer del barrio, siempre llevará este lugar en su corazón y que por nada del mundo se movería de ahí.

“Aquí viví los mejores años de mi vida. Tuve grandes alegrías, como también sufrimientos, pero la vida esta llena de dulce y agraz”, piensa mientras continúa con su reflexión en voz alta, “Quiero pasar lo que me queda de vida acá, entre mis libros, mis enciclopedias, mis revistas, porque quiero que la gente siempre recuerde este lugar como el espacio donde encontraban todos los libros que querían. Además están mis clientes que siempre vienen, aquellos viejos como yo, que por amor a los libros y a la lectura, siguen manteniendo vivo el recuerdo de un barrio que significó tanto para muchos”.

Fotos del Barrio San Diego